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  • Algo Especial

    Hola corazón ...como estas?... va mejor tu dia?, yo sigo aqui cerquita de tu corazon acompañandote como siempre,
    pero lei el titulo de mal dia... sucede algo? mmm no se que haya pasado, lo que haya sido que
    se perdio de tu horizonte espero lo recuperes pronto, y siga tu inspiracion inagotable, esa creacion divina de
    tu tintero que tanto bien hace ami espiritu…si… cuando sueltas las anclas y salimos juntos a navegar por los
    mares de sensibilidades. .. es como viajar al infinito, y crear con nuestros anhelos infinidad de capitulos, para
    recrear nuestros momentos, y hacer del instante un bello escenario para el amor.... me pregunto que haran
    las sirenas de tus mares, cuando abordo de esa nave de sueños, vas dejando huellas de tu recorrido... cuando
    todas las primaveras se llenan de colorido, y permiten a los sentidos impregnarse del aroma de jazmines...
    hasta la luna esta de fiesta, cuando los versos tocan el cielo, y se peina sus cabellos para que sus destellos
    sean la luz que ilumine tu camino.... ay! este amor que tu me has dado.. amor que no esperaba es aquel que yo
    soñeee....!(reza una cancion como un bello himno al sentimiento del alma de los enamorados.. ..

    mmmmm el café esta en su punto...son mis 7 de la mañana, y antes de iniciar mi faena, tomar el auto
    y salir al bullicio de la ciudad, hice escala en este rinconcito tan nuestro, para dejar mis huellas, y servir
    la mesa, para cuando vuelvas de tu jornada, encuentres esta rosa de terciopelo que recien corte del
    jardin de las ilusiones... ves que bello color?... si... es el color de la esperanza, y su tersura es tan suave
    y delicado, que solo tus dedos al acariciarla suavemente podrian recibir la magia de la sensibilidad
    para inspirarme una bella poesia...

    Monica

  • Una Historia

    Se encontraron frente a frente y algo bulló en sus corazones. Ambos se deseaban desde que supieron de sus mutuas existencias. Recorrieron arduas regiones, lo abandonaron todo por esa que parecía una loca aventura y que más bien era el ímpetu ineludible de la predestinación. Ella lo miró con esos ojos inmensos en los cuales cabía todo su asombro y él, fiero y resuelto, tomó la iniciativa, entreabrió sus labios y caminó dos pasos al manantial fresco de su boca para beber de ella todos los secretos callados. Se besaron largamente entre gemidos, sollozos y sonrisas embobadas, todos los climas de sus temperamentos se turnaron para manifestarse en vertiginosa sucesión. La tarde dibujó sus sombras sobre la arena cuando el la depositó en ese lecho blanco y suave y se tendió junto a ella para auscultar sus formas con sus dedos trémulos.

    -Mi amor, mi amor, mi amor- repetía ella como si aquello fuese un mantra que fortalecería su decisión de quedarse para siempre junto a ese ser tan real y tantas veces metafóricamente imaginado.
    -Te amo, te amo, no sabes cuanto te amo- la voz del hombre se mezclaba con el batir de las olas, musical acompañamiento para una frase que hería placenteramente los sentidos de ella. Pronto sus vestimentas perdieron su razón de ser y quedaron desperdigadas por la paradisíaca playa. Ellos, desnudos y apasionados, modelaron hermosos y plásticos cuadros que el sol fotografió antes de esconderse ruborizado en el lejano horizonte.

    La noche los sorprendió durmiendo bajos las cobijas de la blanca arena. Abrieron sus ojos y las estrellas les guiñaron su bienvenida. El la besó con pasión. Su ardor parecía no tener calma ni medida. Su lengua recorrió su rostro , se estacionó en esos labios perfectos y luego continuó su recorrido hacia sus mieles rebozadas de arena. La madrugada apagó varias estrellas y el día clareó sobre sus cuerpos enlazados.

    -Amor, amor, amor-repetía ella enloquecida.
    -Mi vida, mi amor, cuanto te deseo- susurraba él con su voz bronca.

    Una semana después, el te quiero de ella ya no era tan reiterativo y los besos de el carecían de fogosidad.
    -Te amo- dijo el- pero la palabra se diluyó en la atmósfera salina con un acento de duda que fue captado por las gaviotas, las que emprendieron el vuelo atemorizadas.
    -Amor, amor, amor, repetía ella hasta que la palabra se desconfiguraba en su cerebro para transformarse en un sonido sin significado alguno.
    Pronto, el vio en ella sólo a una mujer como podía haber miles en el ancho mundo y la muchacha se dio cuenta que el hombre que estaba de pie frente suyo, había perdido toda su delicadeza.

    Esa mañana, el se vistió sin mirarla a los ojos. Ella hizo exactamente lo mismo.
    - Es tarde- dijo él.
    -Es tarde- repitió ella. –¿Adonde irás?- preguntó luego con voz indiferente.
    El se encogió de hombros mientras encendía un cigarrillo y contemplaba como las olas rompían a metros de sus pies. Luego, se levantó, alzó sus brazos al cielo y bostezó con desgano. Ella maquilló sus ojos, se pintó sus labios algo resecos.
    -Fue bonito- dijo luego.
    -Si. Lo fue. Nunca lo olvidaré.
    -Ni yo.
    Y como si se hubiesen puesto de común acuerdo, ambos se levantaron, se dieron la mano y cada uno enfiló en diferente dirección.

    En la blanca arena quedaron estampados los clones de sus respectivos vacíos…

  • Dejen descansar a los Muertos

    Dejen Descansar a los Muertos
    HUACO2
    Lo tengo… ¡por fin me dieron la ubicación exacta del cementerio Inca!... “me decía muy emocionado Ricardo”, con toda la ilusión de ir lo mas pronto posible a huaquear.
    Teníamos planeado ya desde varios días visitar aquella tumba inca, todo a raíz de una conversación de unos amigos de universidad, donde nos contaron de un lugar prácticamente desconocido, un lugar donde solo algunos huaqueros en secreto iban en semana santa (días que según la tradición es especial para ello, porque los dioses no molestan),
    Bien le dije… cual es la dirección. ¡Al sur de la playa lobos, en Puerto Eten! -me decía Ricardo- ya lo habíamos intentado otras veces pero nunca dimos con el lugar exacto; tenemos que ir temprano es caminando como hora y media al sur, a orilla de playa. Luego unos veinte minutos adentro de la playa.
    Bueno, es perfecto, ahora solo ponernos de acuerdo el día y la hora de salida.
    Elegimos un miércoles salir a las 9 de la mañana a puerto Eten, nos tomaría solo cuarenta minutos el llegar al cruce donde nos bajaríamos para caminar con destino a la Playa lobos, pensamos que esa era la hora indicada.
    Muy temprano ya en el día indicado, nos preparamos; unos costales, una pequeña palana y una lanza de fierro delgado, eso era para poder ubicar los huacos o artículos dentro de la arena. Ya en el bus, solo pensábamos y a veces platicábamos con Ricardo, lo que podíamos encontrar en aquel lugar,… el viaje se hizo rápido, sin ningún retraso.
    Listo ¡acá nos bajamos!... le dije a chofer, ya en el cruce emprendimos la caminata hacia los tanques de Petróleo. Fueron como treinta minutos de caminata hasta que por fin llegamos a la primera parada donde teníamos que cruzar el control y solicitarles el permiso a los señores de seguridad; todos tenían que pasar aquel control si deseaba llegar a la playa Lobos.
    Ya en orilla de playa directo… hacia el sur… dijo Ricardo, así tenemos que caminar como hora y media. Tuvimos suerte el día estaba nublado, mucho viento, pero el paisaje era relajante y la verdad se nos hizo corto, conversando de la forma como iniciaríamos la búsqueda de las ornamentas y las posibles cosas que sacaríamos, pero bueno, el camino se hizo relativamente corto, por ratos nos acompañaban las gaviotas, por otro solo éramos dos personas con muchas ilusiones de encontrar cosas que venderíamos al mejor postor.
    Por fin con exactitud. Una hora y media de camino, ahora hacia adentro de la playa unos 20 minutos, cuando mas nos acercábamos sentíamos la sensación descubrir las ornamentas allí enterradas, era todo un cementerio Inca, toda una zona llena de tumbas donde encontraríamos de seguro muchos huacos ornamentas y demás objetos.
    Ya casi veinte minutos de camino nos acercábamos a una zona donde ya habían rastros de haber sido huaqueada muchos huecos por algunos lados unos muy profundos otros encima y muchos restos de huacos, vasijas de barro totalmente rotas imposibles de armar e identificar. Ricardo me dijo… empecemos acá, es una zona donde nadie ha buscado, así lo hicimos, primero con la lanza introduciéndola en la arena para poder tocar algo en lo profundo, así introduciendo de a pocos por un rato como palpando la playa hasta sentir que chocas con algo en el interior.
    ¡Por fin acá hay algo! Le dije rápidamente, Ricardo se acercó y me dijo no introduzcas con fuerza, podrías romper lo que hay enterrado, lo mas seguro seria un huaco. Iniciamos la excavación con mucho cuidado con la palana que llevamos cavamos menos de metro y medio hasta que logramos tocar con algo frágil, lo lamentable era que con la emoción le dimos muy duro al objeto, que al desenterrarlo poco a poco y limpiarlo identificamos un huaco ya roto por el golpe de la lanza, de todas maneras era algo increíble ver lo que habíamos encontrado, así seguimos en el mismo lugar encontrando mas cosas; un telar ya rasgado unos palitos que al ver eran de tejer, fácil deducción lógica… estábamos cavando la tumba de una mujer inca, al final lo que logramos juntar eran en total 4 objetos: un telar unos palitos de tejer unos hilos y una canasta pequeña todos en un buen estado, definitivamente era la tumba de una mujer inca tejedora, aparte de unos huacos, los objetos estaban en buen estado a pesar de estar en un lugar húmedo por estar en la playa.
    Luego continuamos en otro lugar introduciendo la lanza para buscar mas objetos, una tumba mas, - me dije- no paso mucho tiempo y logramos encontrar otra mas, esta era mas fácil estaba no tan profundo era un jarrón y enorme, tuvimos mas cuidado al desarenarlo, nos tomo como media hora pero logramos desenterrarlo intacto, era hermoso muy grande un enorme jarrón al parecer los que utilizaban los incas para transportar el agua, seria de unos 50 cm. bien pintado con los colores de la cultura moche, ya teníamos dos tumbas excavadas, y unos objetos, que en el mercado negro recibiríamos mucho dinero, sin darnos cuenta ya eran casi las 6 de la tarde, nos miramos con Ricardo, definitivamente era la hora de partir con lo que teníamos, las cosas pequeñas que sacamos de la tumba de la mujer inca no había nada de problema simplemente lo guarde en mi morral, y listo el gran problema era la gran jarrón que encontramos, el tiempo apremia, y nos propusimos cargarlo y así emprendimos el regreso, siempre teniendo en cuenta el mismo camino que usamos, pero cargar con el enorme jarrón, nos retrasaba mucho y era muy pesado, nos detuvimos un instante y decidimos que lo mejor era dejarlo enterrarlo por algún lado, sin perder tiempo fue lo que hicimos, lo enterramos por algún lado en la playa y emprendimos el regreso, ya el sol se estaba ocultando , nosotros en silencio solo caminábamos y solo pensábamos en lo que llevábamos, pero el ruido de las olas y el viento a veces nos hacia imaginar cosas, - mi amigo, Ricardo, en un momento me decía
    Siento que nos siguen… era una sensación extraña –me dijo muy tembloroso
    Siento que nos siguen desde que salimos de las tumbas
    -mejor no mirar atrás y sigue caminando-
    Ya de noche llegamos a los tanques de petróleo, luego al cruce, faltaba solo llegar a la carretera y tomar el bus hasta la ciudad.
    Ya en casa, deje el morral con las cosas y a cambiarme de ropa y darme un baño relajante, en mi habitación solo pensaba en cuanto dinero me darían por los objetos encontrados, y en ponerme en contacto con la persona que me compraría o me ofrecería por los objetos incaicos. El cansancio hizo que me acueste temprano. Lo que paso esa noche, era algo aterrador, no pude dormir, sentía que me miraban, al final el cansancio pudo mas, me quede dormido y también empezaron las pesadillas, era una mujer que me estaba ahorcando y yo luchaba con ella pero no me podía mover, era tan real que sentía sus dedos en mi cuello y me faltaba el aire y trataba de gritar y no podía, de encender la luz y no podía, mientras que esta mujer seguía ahorcándome con mayor fuerza…. Pude lograr ver el rostro y era una mujer de rasgos incaicos y me repetía hablaba en un idioma que no entendía, hasta que por fin pude encender la luz de mi lámpara y me sentía sofocado muy sudoroso y sintiendo la extraña sensación que alguien se encontraba en la habitación, esa noche no pude dormir bien, al final la noche la pase con la luz encendida solo así no tuve mas pesadilla.
    A la mañana siguiente fui a buscar a mi amigo Ricardo, pero gran sorpresa, el se adelanto a decirme que paso una noche terrorífica, el su esposa y su hija, todos no pudieron dormir nada, el personalmente me conto que sentía que una mujer la estaba ahorcando y no podía quitársela de encima, su hija lloro toda la noche y su esposa se sentía que alguien la miraba a lo lejos en la habitación.
    “¿Coincidencia? Definitivamente no era así,”
    “había algo que no estaba bien y que un espíritu intranquilo nos judía la existencia”. Ese mismo día fui por respuestas y lo mejor para darlas era los amigos naturistas o algunos curiosos del tema,
    - Don cesar, el más experimentado de todos fue el que me aclaro la pesadilla de esa noche.
    “Lo que pasa, es que en tu casa hay un espíritu intranquilo que busca algo o hay algo en tu casa que no te pertenece le pertenece a un espíritu que esta reclamando lo suyo”,
    Bueno, la verdad de espíritus difícil creer que no te dejen dormir, pero lo sucedido esa noche mi incredulidad se hizo a un lado y me hizo conocer que con los espíritus no se juega. Sin pensarlo le conté las peripecias que habíamos hecho el día anterior la gran aventurar de huaquear en un cementerio Inca y de los objetos sustraídos en el lugar, Don Cesar, con una mirada profunda y de gran asombro me dijo
    – dime exactamente que fue lo que hicieron…
    - bueno ligeramente le explique como habíamos sustraídos los objetos y los que tenia en mi poder y en donde estaban –
    Don Cesar, sonriendo me dijo,
    Mire joven, para huaquear se necesita ciertos rituales, no es cosa de ponerse a cavar en el lugar indicado y sacar objetos, me menciono una serie de pasos que un huaquero necesita hacer antes de empezar a buscar donde escarbar.
    Lo primero pedir permiso a los espíritus por sacrílego que uno va a cometer, luego fumar cigarros negros mientras se hacen unas oraciones a los muertos, después de encontrar los objetos sacar solo lo deseado, no todo, luego mas oraciones y colocar los objetos como los encontraron colocar la tumba como estaba, mas cigarros negros y dejar cigarros negros en la tumba como una ofrenda por lo sustraído y beber también un aguardiente mientras se hace toda la operación, después a modo de despedirse agradecer a los espíritus, tapar todo y dejar como lo han encontrado, es todo un ritual el huaqueo.
    Le pregunte sobre los objetos sustraídos y de ¿cómo podría alejar a espíritu que se aparece en mi casa y no me deja tranquilo?
    Solo tienes que hacer una cosa, me respondió...
    Tienes que tirar todo los objetos sustraídos lo más lejos de tu casa, pide perdón y solo los tiras, no dejes nada en tu casa, de preferencia cerca en un rio o desmonte… lejos de tu casa. Esa tarde solo agarre los objetos, esta vez no pensaba en lo que perdería, no pensaba en lo que dejaría de ganar, solo pensaba en alejar al espíritu de mi casa y que me deje tranquilo de una vez.
    Muy lejos de mi casa hice lo indicado por Don Cesar, tire todo los objetos, pidiendo perdón por irrumpir en la tumba y tomar sus pertenencias sin permiso, les confieso que sentí un gran alivio al tirar toda las cosas, un gran alivio interno y lo mejor el volver a dormir tranquilo, sin ningún “espíritu” visitante nocturno tratando de reclamar lo que es suyo.

  • Un romance a medias

    Un romance a medias
    Ago
    15
    2008

    Salí de la ducha, me até la toalla a la cintura como si fuese una falda anticuada, y caminé descalzo los seis pasos que me separaban del clóset. Apoyándome en los talones para salvar a mis pies del gélido frío de las mayólicas, me puse a revisar el cajón de ropa interior para elegir mi íntima indumentaria nocturna. Eran las 10 de la noche de un sábado muy reciente. En la radio Robbie Williams se desgañitaba ladrando Rock DJ, y yo movía las caderas quedamente para evitar que la toalla se me cayese. No sé por qué, pero no soporto estar mucho tiempo desnudo delante de mí. Me incomoda verme calato.
    Mi plan era asistir al cumpleaños de un amigo muy querido. Cumplía 31 años, uno menos que yo. Lamentablemente (para mí), su reunión no prometía mucho. Es más, a esa hora ya era fácil adivinar el soporífero escenario que me esperaba: muchas parejas sentadas en una sala, poca gente soltera por conocer, música noventera, más vodka que cerveza, más cerveza que whisky, y una escasa provisión de piqueos, bocaditos y snacks. O sea, lo de siempre. En el mejor de los casos, habría una torta, aunque eso –a los 40 años– digamos que ya no se estila. Se ve muy ñoño, muy ganso, muy calzonudo que tu vieja salga de la cocina con un chifón bañado con crema, adornado por una solitaria vela simbólica, de esas que nunca se apagan. (Es curioso, porque si es tu novia la que prepara el pastel y arma la fiesta, todos aplaudan y cantan happy birthday con cinematográfico entusiasmo, pero si la organizadora es tu mamá, todo parece un chiste involuntario).
    El tema es que ahí, parado semidesnudo delante del closet, miraba la ropa interior con lógico desgano, como quien analiza una mercancía de segunda mano, tratando de encontrar el brillo de algún objeto valioso. Me martillaba la intuición de que esa noche no me acostaría con nadie; de que sería una nueva velada sin sexo; y de que amanecería en mi cama, sin más compañía que mi vieja almohada rellena de plumas. Quizá fue por eso que automáticamente elegí un calzoncillo pobretón, raído, de elástico fláccido, marca Boston, estilo bikini, azul, ya desteñido por la lejía. Con seguridad, el calzoncillo menos varonil del mundo.
    Bah –pensé, con forzada resignación– si no voy a desnudarme delante de nadie, para qué malgastar mi reducido lote de bóxers sensuales. Mejor me pongo este adefesio y listo.
    Con la misma lógica y apatía, seleccioné un viejísimo par de medias, de esos que lamentas en el alma haberte puesto cuando en el area de Migraciones de un aeropuerto un agente bravucón te obliga a que te quites los zapatos, y tú te resistes, necio, prefiriendo que los turistas a tu alrededor te confundan con un peligroso burrier antes de que sepan que eres un pezuñento con medias rotas.
    Pero no era el caso: yo no me iba al Aeropuerto, sino a una estúpida reunión, donde nadie se fijaría en cuán moderna o no era mi lencería. Opté, entonces, por un vestuario fantoche: por fuera muy arregladito y perfumado, pero por dentro mi ropa toda era una calamidad.

    Llegué a la casa de este amigo cuarentón, y media hora después ya quería irme: había dado cuenta de los bocaditos y de las cervezas y me había fatigado iniciando y acabando conversaciones con unas chicas un poco angustiadas y mojigatas que tuvieron la mala suerte de sentarse a mi lado.
    Ya me disponía a largarme sin anunciarlo cuando decidí ir al baño para aliviar las urgencias prostáticas que las varias cervezas tomadas desencadenaron. Además, el baño estaba cerca de la puerta de salida, así que podía entrar, salir y fugarme sin que nadie se percatase.
    Había alguien adentro que se demoraba más de la cuenta. Pegué el oído para tratar de identificar qué cosa estaba haciendo el usuario. No se oía nada en particular. Dejé pasar unos minutos y luego toqué la puerta sin amabilidad. Pum, pum. La puerta se abrió y, para mi sorpresa, detrás de ella apareció una chica que era –lo juro– la clon de Pocahontas. Morenita, pelo largo, ojazos, cintura fina, botas sin taco.
    Mi cara de meón enojado se deshizo apenas sus ojos me enfocaron. Desde luego que ni siquiera entré al baño, sino que empecé a conversarle ahí mismo, mientras la música de fondo (Sin Documentos, de Los Rodríguez) se confundía con el ruido del chorro de agua por el jalón de la cadena producido.
    Conversamos muchísimo. Se llamaba D. Acababa de cumplir 24 años y hacía uno que vivía con una amiga en un departamento de San Borja. Era casi bachiller en Psicología. Le dije que nunca la había visto en la casa de mi amigo, y con una demoledora carita de culpa me confesó que había caído de paracaidista, pero que se estaba aburriendo un poco.
    A esas alturas las ganas de mear se habían diluido, o mejor aún, habían sido completamente neutralizadas por bombazos de adrenalina que salían de mi pecho como fuegos artificiales. Los caprichos de mi corazón le habían ganado el duelo orgánico a las necesidades de mi uretra.
    –Yo también estoy medio sota, ¿por qué no nos robamos unas cervezas y nos vamos por ahí?
    –Qué significa exactamente “por ahí”, preguntó D, con astuta malicia.
    –No sé, por ahí. Ya vemos, planteé con soltura.
    [[Por dentro, mis verdaderos pensamientos se agazapaban: quería ir a su depa de San Borja, besarla hasta que me doliera la boca y pasar todo el invierno en su colchón]].
    –Ya, pues, ¿estás con carro?
    –Sí, pero mejor vamos en taxi. He tomado un poco y preferiría evitar cualquier roche.
    –Ya, claro, mejor. Qué bueno que pienses así.
    Por supuesto le dije lo de irnos en taxi por purita estrategia. No porque creyera verdaderamente que podría cometer una irresponsabilidad manejando ebrio (que, sin duda, es una tetuda irresponsabilidad), sino porque en un taxi tenía más campo de acción para insinuarme, abrazarla y ver si ella accedía al prometedor juego licencioso que ya nuestras miradas y sonrisas venían anunciando.
    Subimos al asiento trasero del taxi, destapé dos de las cervezas birladas a mi amigo y –chin, chin– chocamos las botellitas, haciendo ese brindis idiota (pero muy efectivo) que dice que si no miras a los ojos a la otra persona pasarás siete años de mal sexo.
    Sentí que todo fluía, como debe ser, como mandan los cánones de la seducción: con impagable naturalidad.
    –Sabías que te pareces a…
    –Ay, no me digas… ¿a Pocahontas?, me interrumpió ella, con voz de flojera
    –Sí, ¿por?…
    –Qué poco ocurrente, todos los chicos dicen lo mismo…
    Sus palabras fueron un doloroso puñal desollando el centro de mi ego. Hubiera preferido que me mente la madre tres veces antes de decirme “poco ocurrente”. Para un supuesto escritor como yo –que tiene un cierto aprecio por las infrecuentes ocurrencias que desperdiga– esa frase, más que un insulto, era todo un epitafio. “Aquí yace el poco ocurrente de…………”. Dios. Si hasta podía ver la inscripción en la lápida.
    Un brutal frenazo del taxista me distrajo de mi mortuoria visión.
    –¡¡Mierda!!, gritamos los dos, tras el samacón
    La cerveza salpicó por todos lados y nos mojamos (bueno, hacía un buen rato que yo ya estaba un tanto húmedo, y –ejem– no precisamente de cerveza)
    Fue un momento chistoso. Una escena típica de película barata. Y lo que cualquier respetable guión chabacano hubiera incluido a continuación era –como es lógico– un agarre, un beso brutal y despiadado. Pero, claro, la vida no siempre es una película romántica, ni un taxi cochambroso el mejor set para filmarla. Fue por eso que cuando me acerqué a la boca de Pocahontas, ella alejó su cara, tomó mi mentón con la mano y, sonriendo, enderezó mi cara como diciendo “no te confundas, compadrito”.
    Qué microsegundo para horrible. Intentar dar un beso y fallar es humillante. Después de eso, todas las revoluciones adrenalínicas desaparecieron y los músculos del pecho se afofaron. Estaba triste. Para colmo, me volvieron las ganas de mear. Tratando de distraerme, le pedí al taxista que suba el volumen. Por el espejo retrovisor noté que él –zambo, bigotón, de unos 42 años– me miraba como compadeciéndome.

    Sorpresivamente, D propuso que vayamos a su departamento. Cuando la oí me alegré, pero por dentro pensaba: para qué más torturas, para qué me lleva a su guarida si no quiere darme ni un beso, qué es lo que quiere, ¿hacerme sufrir?
    Yo quería que llegáramos rápido a su casa, no tanto para intentar una segunda oportunidad de seducirla, sino más bien para descargar mi vejiga. Por eso, ni bien crucé la puerta de entrada le pedí el baño. Con la próstata aliviada, procedí a lavarme la cara para, no sé, renovar el ánimo caído. Estaba bien, lo aceptaba, si ella no quería darme un beso tampoco iba a desaparecer como un enfermo maniático que solo piensa en sexo. Salí del baño dispuesto a conversar, a hablar, a escucharla, a hacer eso que tanto reclaman las mujeres. Si no podía ser a mi manera, Pocahontas, que sea a la tuya, pensé.
    Pero quién carajo entiende a las mujeres. Ni bien salí del baño, D me atacó por la espalda, pellizcándome el poto. Giré de inmediato y ella se abalanzó sobre mí para besarme. Sin reacción posible, solo me dejé llevar. Lentamente fuimos avanzando (o retrocediendo, es difícil precisarlo) hasta que caímos en un sofá. Ella estaba hecho una fiera: me arañaba la espalda, me mordía, paseaba su lengua por toda mi cara como si en vez de un chico fuera una paleta de caramelo. Era psicóloga, pero se comportaba como loca. Ni siquiera me daba aire ni oportunidad para decirle una de esas frases cortas ideales para esos combates cuerpo a cuerpo: “me encantas”, “me gustas un huevo”, “me excitas”, o cualquier huachafería parecida.
    La cosa se puso algo violenta. La que pudo ser una tierna escena sentimental se convirtió en un grosero round de lucha libre. Nos caímos al suelo, nos revolcamos, cambiamos de posición. Luego comenzamos a desvestirnos. Ella se sacó la blusa, yo la camisa. Ella me arrancó la correa, yo le retiré el sostén (desabrochándolo al primer intento, eso es clave, sino quedas como mongo). Pero no fue sino hasta el momento en que ella desabrochó mi pantalón que tomé conciencia de lo que iba a suceder: vería mi calzoncillo de mendigo y se espantaría.
    Traté de demorar ese trámite vergonzoso sacándome los zapatos, pero solo conseguí el efecto contrario, pues los dedos gordos de mis pies asomaron a través de los agujeros de mis medias marchitas. Por acto–reflejo, doblé los dedos, contrayéndolos, para que ella no se diera cuenta de la desgraciada condición de mi vestuario íntimo.
    Le insistí tercamente que apagara las luces, pues solo en la oscuridad podría moverme como un pez en el agua. Ella felizmente accedió y de un salto fue, pulsó el interruptor y volvió. El resto fue pura magia silvestre. Del suelo al sofá, del sofá a la cama, con una breve escala técnica en la cocina. Una gran velada de sexo. Nunca una psicóloga me ofreció mejor terapia.
    A la mañana siguiente, yo roncaba como un zángano. Las cortinas estaban cerradas, lo cual nos proveía de una dotación de oscuridad muy conveniente. Mi calzoncillo viejo y mis medias rotas andarían por ahí, confundidos con las sombras de los objetos de la habitación.

    Recuerdo estar bostezando cuando D me aplicó un raudo codazo y, al grito de “rápido, cámbiate, tienes que irte”, pasó a informarme que su ‘roomate’ acababa de llegar, lo cual hacía peligrar mi permanencia en tan acogedor lugar. Me molestó que me botara como un perro solo para no poner en riesgo su imagen puritana delante de su amiguita, pero no hice mayor reclamo.
    Me bajé de la cama y tanteando a ciegas traté de identificar velozmente las prendas chorreadas que me faltaban. Esgrimiendo una sonrisita que solo yo entendía, me coloqué el calzoncillo feo que ella nunca vio, me calcé el pantalón, me puse las medias en tiempo record, hundí los pies en los zapatos al tiempo que abrochaba mi camisa y listo. En menos de cinco minutos ya había escapado de la casa de Pocahontas.
    Esta habría sido una noche magnífica si no hubiera sido por lo que ocurrió a continuación. Llegué a mi casa para dormir el sueño que D interrumpió al aplicarme un codazo en las costillas. Me desvestí de nuevo y al momento de quitarme los zapatos vi con absoluto espanto que mis medias no tenían sus legendarios huecos a la altura de los dedos gordos. De hecho, ni siquiera eran mis medias. Eran las medias de D, las que traía debajo de esas botas sin taco. Con el apuro y con la escasísima luz que filtraban las cortinas, había confundido las mías con las suyas.
    Sentí un hincón de vergüenza profunda en el estómago. El hincón se acentuó mucho más al recordar el estado horrendo de mis calcetines: perforados, con manchas de talco pegoteadas por el sudor, y con la parte del talón debilitada por el uso frecuente. Imaginé con dolor el instante en que D encontraba en el suelo de su cuarto ese par de escarpines infectos, ese par de culebras de hilo, las inspeccionaba con asco, las acercaba a su nariz y emitía un aullido de repugnancia.
    De todos los bochornos con mujeres que la vida me ha deparado en estos 40 años –y que no han sido pocos– ninguno podría superar este. Ninguno.
    Renato cisneros

  • La Curiosidad de Asistir a una Mesada 3

    Mesada

    TERCERA PARTE

    Empezó a la media noche, con el silbido de una canción ancestral acompañado de una maraca, luego el silbido y con todos nosotros mirando hacia la mesa, yo me senté pegado a la puesta, así podía ver la luna como alumbraba la noche, pero el frio seguía siendo crudo tuve que pedir una manta que me ayudo a soportar el intenso frio de la noche, unas oraciones a los santos como pidiendo permiso para iniciar la sesión, mas silbidos y de vez en cuando seguía alumbrando algunas imágenes. Pasaron unos treinta minutos, cada uno de los presentes fue llamado a la mesa a recibir de las manos del maestro un vaso con licor hecho de San Pedro, un cactus originario del Perú y usado con propósitos mágicos religiosos desde la antigüedad por sus efectos alucinógenos y curativos. Luego de beberlo, cada uno de los presentes, pasábamos a nuestros respectivos lugares, continuaron mas cantos mas silbidos y sónicos de maracas, nosotros solo esperábamos a que el maestro” Ramón” nos llamara de acuerdo al orden que el espíritu de la mesa le indicara.
    - Al inicio de la mesada el maestro nos había entregado unos muñequitos de madera talladas con formas femeninas o masculinas, uno para cada sexo, y nos decía: ¡no las suelten durante todo el tiempo que dure la mesada, estas los protegerán de algún espíritu que ande por aquí! –
    El primero en ser llamado fue Juan Carlos, el comenzó a bailar al compas de la maraca, como le indicaba Ramón, en ese momento, Ramón se dirigió hacia Juan Carlos y empezó a soplar rociándole agua florida; cantaba y sonando las maracas daba vueltas a su alrededor, dijo algunas palabas que la verdad no llegue a entender. Después se sentó y mi amigo también, pasó como diez minutos hasta que llego mi turno.
    El mismo ritual; danzando bailando canto alrededor mío y me dijo que me sentara, dijo que descansaría quince minutos y empezaría de nuevo el ritual.
    En el descanso, nos servían en pequeños vasos un aguardiente, donde se pasaba el vaso para que todos tomen, decían que era para calentar el cuerpo, por el frio.
    En la segunda sesión, utilizando una concha de mar de gran tamaño, como plato, el maestro nos hizo inhalar san Pedro mesclado con tabaco negro, cada inhalada por las fosas nasales era como una aguja que se introducía desde tu nariz a tu cerebro, así fue en las dos fosas nasales, luego nos dijo que descansemos.
    Lo que sucedió después era realmente impresionante, conforme pasaban los minutos perdía la visión, no podía ver absolutamente nada, todo oscuro, abría y cerraba los ojos y seguía todo negro, luego vi tres personas, la primera con polo rojo, la segunda con polo amarillo y la ultima con polo verde, luego se perdieron, también aparecieron dos personas mas y una mujer, mientras el maestro seguía cantando y tocando las maracas, luego todo silencio.
    No se cuanto tiempo estuvimos así, hasta que recupere la visión poco a poco, a J. Carlos y los demás miembros que participábamos de la mesada supongo que también les paso lo mismo. Ramón nos dijo que saliéramos unos minutos, mientras el meditaba unos minutos a solas, nosotros salimos para recuperarnos de lo sucedido.
    Le pregunte que había visto y J. Carlos me conto que varias personas, a una mujer y después todo negro. El maestro “Ramón “se quedo con los cinco chamanes mas, la verdad no se que cosa hicieron pero luego de quince minutos nos volvieron a llamar.
    Al primero que llamo de nuevo fue a J. Carlos, El maestro “Ramón”, le dijo: mis ojos vieron a una mujer de unos 25 años de cabellos largos y vestidos con un Jean, continuo describiendo a la mujer mientras que mi amigo no podía creer lo que escuchaba, -¿la conoces? Le pregunto. “Si, es una amiga que no veo tiempo”, respondió J. Carlos. “Pues ella es la que te ha hecho un amarre y te ha fumado para que nadie se te acerque y enfermes. Es fácil de curar no te preocupes, pues solo te lo han hecho una vez y la muchacha nunca mas volvió donde la curandera para continuar”, afirmo el maestro.
    Después el maestro, “Ramón”, agrego; ahora danzaras como te indique: ve hacia adelante, da siete vueltas hacia la derecha, cinco a la izquierda y así le indicaba como bailar a ritmo de la maracas que “Ramón “tocaba y cantaba, luego el maestro se levanto y con dos espadas paso por el contorno del cuerpo de mi amigo, como quien cortaba algo, “Ahora siéntate”, le dijo. “Tres sesiones mas, a las tres de la madrugada serán suficientes. Eso me dice la mesa”. Finalizo
    Luego me llamo, y me puse al frente de el, me dijo esos tres hombres que viste pasaran en la madrugada, los dos hombres mas son amigos tuyos que te tiene mucha envidia y la mujer… bueno la mujer debo confesarles que apareció en mi vida. Después de identificar y describirme a las personas, yo, al igual que a mi amigo, me indico los pasos y la danza a realizar, me dijo que solo una sesión más seria suficiente. Así durante la madrugada, se repitió los canticos los bailes y los cinco chamanes que acompañaban al maestro cantaban y acompañaban a la ceremonia
    Finalmente, a las seis de la mañana la sesión terminaba con el rezo del maestro chaman, una inhalada de siete perfumes por cada uno de los participantes, para purificarse, y la devolución de las maderas talladas entregadas al inicio
    Este momento por la puerta, increíblemente aparecieron tres hombres, uno con polo rojo el segundo con polo amarillo y el ultimo con polo verde, saludaron con un ademan a los presentes y siguieron su camino, tal como los había visto, ellos aparecieron. Indagando me dijeron que eran de seguro agricultores, que ya por la hora pasan a sus labores agrícolas, lo increíble fue que solo yo los pude ver en la sesión y el maestro me indico la hora en que pasarían.
    Ya con la luz del día el maestro había empezado a levantar su mesa, los acompañantes conversaban entre ellos, J. Carlos y yo estábamos por un lado conversando sobre lo sucedido.
    Se acerco Ramón, y muy cordialmente nos invito a otra mesada que tendrían en otro lugar ese mismo día, - “ahora entendía la presencia de los cinco chamanes que llegaron esa noche.” “Seria una caminata de un par de horas mas”, nos dijo, - la verdad, lo que mas deseaba era estar ya descansando en una buena cama y agradeciéndole por la invitación le dije que deseaba regresar cuando antes al pueblo, J. Carlos también me acompaño en la decisión y así emprendimos el retorno, nos dijo… - solo sigan la trocha y no se desvíen para nada.
    FIN

  • La Curiosidad de Asistir a una Mesada 2

    SEGUNDA PARTE
    Ya con Ramón, proseguimos el camino, todos mudos sin hablar de nada, así estuvimos por unos veinte minutos, hasta que ramón me dijo, bueno… ¿como te fue?
    ... Bueno, sin mencionar que casi me da un infarto, creo que todo bien…
    ¿Cuánto te dieron?... ni idea no lo conté allí, solo lo guarde, ahora lo cuento le dije, bingo unos 300 soles, estaba bueno le dije, ¿Cómo, solo 300 soles? Le hubieras pedido 1000 soles como mínimo, no sabes cuanto dinero se mueve en ese negocio y es ilegal todo, ¡hubieras pedido mas! me increpaba,… bueno esta bien… al menos esos hombres están al margen de la ley y son peligrosos le dije, sin mencionar más el tema proseguimos nuestro camino.
    Se hacia interminable la trocha, con ruidos de taladores a la distancia, y a veces con el pisar de los charcos y saltos de troncos caídos y a veces solo un silencio eterno.
    Llegamos, a la casa pequeña, Ramón me dijo; acá venden galletas, el que desee comprar - es la oportunidad - es la ultima casa que encontremos hasta nuestro destino, lo primero que salió a nuestro encuentro fueron dos perros ladrando sin parar hasta que salió la dueña, y muy amablemente saludo al maestro ramón como ella lo llamo, descansamos un poco, nos aseamos, ya para ese punto de la caminata mis zapatos estaban destrozados, y mi ropa toda embarrada de las muchas caídas que tuve a lo largo del camino pero bueno estaba ya tan cerca que las lamentaciones no eran oportunas. Solo quince minutos de descanso y proseguimos la caminata, falta poco decía ramón.
    Fueron cuarenta y cinco minutos mas de subida y subida rodeado de puros arboles, maleza, riachuelos, caídas y mucho humedad hasta que al fin ya en la cima de cerro rodeado de muchos maleza y arboles apareció de la nada una casita de material de adobe y techo de calaminas, serian dos habitaciones, una pareja de esposos salió a nuestro encuentro, nos saludaron muy amablemente el maestro, Ramón, nos presento a Emiliano el dueño de la casita y a su esposa maría; muy pobre, solo una mesa, una banca, una pequeña cocina a leña y petates para dormir, nos invitaron asearnos y luego un desayuno, que después de la gran caminata hacia falta algo de alimento
    El desayuno fue algo inolvidable, en un tazón nos sirvieron una especie de puré o avena hecho a base de harina plátano con agua, sin dulce, insípido y yucas sancochadas, las galletas que compramos acompaño a nuestra alimentación en la mañana, nada especial, pero alimento mucho y dejo tranquilo el estomago.
    ¡… Será mejor que descansen…! Dijo Ramón, ya les avisaremos cuando sea la hora del almuerzo… - así fue… - a un lado de la habitación y en un petate me acosté, el cansancio fue tanto que me quede profundamente dormido.
    El tiempo paso rápido, apenas sentí el llamada de Juan Carlos, no pude dormir más, era para avisarme que ya el almuerzo estaba listo, eran las catorce horas, con dolores en todo el cuerpo me uní al grupo para almorzar, esta vez, si se veía apetecible el almuerzo; estofado de gallina, arroz, papa, y un refresco,
    - ¿algo de frio se siente?, pregunto Juan Carlos, iniciando la conversación en la mesa, si paisa respondió Emiliano, por la noche seguro será mas frio abra que abrigarse, mnnn… mientras escuchaba pensaba en la forma como pasaría la noche, no tenia ni chompa, ni abrigo para poder cubrirme. Terminemos y descansemos otro poco, la noche será larga nos recomendó Ramón. Intercambiamos unas palabras más y pensé en dar un paseo por la zona.
    Al alejarme un poco descubría que era todo hermoso, los paisajes de la serranía por un lado, combinado con la ceja de selva por el otro, hacía el contraste y una belleza emocional, algo que solo se puede apreciar desde la altura en donde se ubicaba la casita muy bien camuflada y rodeada de arboles por un lado y hermosa vista por el otro. Como una serpiente un rio cruzando la orilla del cerro, preguntando a Emiliano me decía que era la frontera con el Ecuador, solo nos separa aquel rio, y el puente fronterizo esta para el oeste, indicándome el lugar que a simple vista parecía cerca, pero son horas de camino me conversaba, me lamentaba de no haber traído mi cámara pero Juan Carlos me advirtió que las cámaras en esta ocasión no eran permitidas, salvo permiso especial, pero me converso que llegarían mas maestros a la mesada, era algo que desconocía, ¿mas gente? ni idea quienes serian ni de donde provenían.
    Decidí descansar un poco mas, ya se oscurecía y el frio arreciaba mas y mas, le dije a Juan Carlos que si me podría conseguir algo con que abrigarme la verdad, ya me imaginaba como pasaría la noche, me presto el un abrigo que era momentáneo, pero sirvió para el momento y así esperamos hasta que fuera hora de la cena.
    A la luz de la luna, con solo el reflejo de la hermosa luna sobre nosotros era la única luz que nos guiaba por el lugar, una velas dentro de la casa y la conversación entre Emiliano y Ramón era lo único interesante en esas horas, mi socio Juan Carlos me decía que esto era así, que estaban esperando a las demás personas y que llegarían en las próxima horas, le preguntaba - ¿quienes eran esas personas? – chamanes, curanderos que participaran de la mesada contesto.
    Eran las veintidós horas, el maestro se esta preparando dijo J. Carlos. En la mesa, Ramón coloca objetos santos y sacrílegos. Emiliano nos explico el porque de la presencia de algunos objetos en ella: una imagen de la virgen maría, para que nos cuide de todo mal durante la ceremonia; la cruz de Cristo, para que recordemos que el dio su vida para salvarnos de todo pecado y nos redima; conchas marinas; piedras; huacos; espadas; palos de madera con figuras masculinas y femeninas; agua florida; perfumes de todas las marcas y aromas para que los espíritus se sientan agradecidos y nos digan lo que deseamos saber.
    Mientras el maestro, “ramón”, se preparaba llegaron a la casita cinco personajes todos vestidos con poncho y sombrero de paja grande que les cubría todo su rostro, tres mujeres y dos hombres, las mujeres eran gordas con polleras enormes cara redonda pelo trenzado y largo, no se dejaban ver la cara, cubiertas totalmente con el poncho grueso y largo, todos vestidos con color oscuro, de igual forma los hombres, ponchos largos y sombreros enormes que cubrían su rostro, saludaron muy efusivamente a Ramón, hicieron un circulo y conversaban en voz baja no se podía escuchar nada del tema de su conversación, Juan Carlos y yo a un lado, sin decir ni una palabra, - solo le pedía que me consiguiera algo con que cubrirme, el frio ya era insoportable – . Ramón se aparto de las demás personas, se ubico en un lado de la habitación y empezó a preparar la mesa, al fina los objetos los colocaba en el suelo sobre una manta de colores con diseño incaicos, uno a uno cada objeto en su lugar bien posesionado y ayudándose con una linterna de mano de vez en vez alumbraba alguna imagen, pidió que lo dejaran solo en la habitación hasta llegada la hora.

  • LA CURIOSIDAD DE ASISTIR A UNA MESADA

    Quien no siente la curiosidad de asistir a una mesada, o un baño de florecimiento, quien no recuerda al ex Presidente del Perú “Fujimori” visitando muchas veces a los chamanes o curanderos en Huancabamba, ciudad al nororiente del Perú, y darse muchas veces un baño de florecimiento en las ya famosa Laguna de las Huaringas. Creo que todos los que viven en esta parte del mundo asistió a una de ella o ha visto o escuchado lo que es una mesada. Para los que no conocen, es una reunión con un chaman, adivinos, pitonisas o varios curanderos en algunos casos, que se inicia a le media noche y termina en promedio cinco o seis de la mañana.

    PRIMERA PARTE

    Esta historia me ocurrió hace unos años, en uno de mis viajes de negocios, donde llegue a la ciudad de San Ignacio, muy cerca a la frontera de Ecuador, San Ignacio es una pueblo ubicado en la parte norte oriental del Perú, al norte de la ciudad de Jaén, es un pueblo netamente agricultor su principal cultivo es el café, cacao y frutas en especial plátano, Piña.

    Fue la compra de café lo que me llevo hasta San Ignacio, el hacer negocio es muy interesante y mas, si se va por primera vez a una ciudad que, por la lejanía es un pueblo donde las rondas campesinas ponen orden y autoridad. Mi amigo Juan Carlos quien en una conversación, ya después de cerrar los negocios, me comentaba que el asistiría a una mesada, la realizaba su amigo un curandero de la zona llamada Ramón, - es muy acertado y de mucha confianza me indico- , indagándole mas acerca de lo que es la mesada y en que consistía me iba picando la curiosidad por interesarme mas y mas. Tengo que confesar que no le fui muy difícil insistir en su invitación, yo tenía ya las ganas de asistir, más por curiosidad a una de esas reuniones madrugadoras. Me contaba que sólo los días martes o viernes se lleva a cabo, pues desde la antigüedad son días sagrados para la religiosidad andina, fue así donde me informo el día y la hora de salida y es donde inicia mi historia.

    La salida fue un viernes, cinco de la mañana, me advirtió que era un largo camino primero en camioneta y luego caminando unas horas, ya en el lugar indicado Juan Carlos me presento al maestro, quien se encargaría del ritual o mesada, después de pactar sus honorarios, en el tira y afloja llegamos a un acuerdo económico sobre el “trabajo” que me haría, contratamos el auto que nos llevaría a pueblo siguiente llamado San José de Lourdes, queda a una hora en auto del pueblo de San Ignacio, la verdad pensé que era una viaje cómodo y la caminata fácil, pero no lleve la ropa adecuada, solo una camisa un pulóver, pantalón Jean y unos zapatos -… nada mas…- , con razón la pregunta de Ramón al decirme - ¿así vas vestido? - yo bien costeño, le dije si… es suficiente. Lo mismo me pregunto Juan Carlos al iniciar la aventura, ¿no llevas nada más?
    ¡No… creo, así esta bien! Solo me mira… me dijo que no es fácil el camino… bueno estoy bien le dije,

    Ya en plena marcha en camioneta, el frio empezaba a sentirse poco a poco a pesar de haber un sol hermoso sentía la altura poco a poco, el pulóver fue útil y me ayudo fácil al primer obstáculo.

    Después de un hora de camino, con golpes, subidas y bajadas y pasar por muchos abismos, ¡amen del frio!... llegamos al pueblo San José de Lourdes, Ramón me dijo que comprara cigarros, agua florida, unas velas y algo de galletas para comer, es la única tienda que veremos en muchas horas me advirtió, así lo hice, compre las cosas y emprendimos la caminata
    Conforme avanzábamos nos internábamos mas y mas en una espesura de bosque, enormes arboles nos rodeaban el pequeño camino que nos llevaría al lugar indicado, solo ruidos de algunas aves y a veces un silencio sepulcral, y otras solo se escuchaban las pisadas en charcos de agua donde los zapatos no soportaban tanta humedad, y de vez en vez unos resbalones que al suelo no paraba

    Llevaríamos un poco más de una hora y a lo lejos se escuchaban ruidos de sierra mecánica, definitivamente eran taladores de arboles, taladores informales, cuando mas caminábamos más profundo era el ruido, fue cuando Ramón, que era el que encabezaba la caminata repentinamente paro la marcha y mirándome me dijo:

    ¿Deseas ganarte un dinerito?, yo la verdad sin pensarlo mucho le respondí que claro, ¿que tenia que hacer?, el mirándome solo me dijo… ¡…sigue el ruido de los taladores...! - están por aquel lado solo sigue el ruido, pero, ¿Qué dijo?... solo diles que eres de Inrena.

    - Inrena, (“Instituto Nacional de Recursos Naturales”), [Organismo publico descentralizado del Ministerio de Agricultura, un organismo gubernamental encargado de regular entre otras cosas a la tala indiscriminada de arboles -] .

    Así lo hice, seguí el ruido cada vez mas intenso de los taladores, al pasar varios arboles y ramas coposas me abrí paso entrando a un descampado ya con muchos arboles caídos, al inicio vi solo dos personas en plena faena, pero luego conté como seis personas, todos dejaron de talar al instante, solo una mirada fija y de una les pregunte señores…

    Señores buenos días, serian tan amables de darme su nombre…

    Los taladores se quedaban mudos, sin embargo del fondo quien parecía el líder me dijo, ¿Qué desea usted? ¿Quien es?... soy del departamento de inrena, saben que esto es ilegal y estoy supervisando esta zona, mejor no hagan problemas y me dan sus nombres y terminemos esto; un murmullo entre ellos se escucho, la verdad yo estaba bien sereno eso tenia que demostrarlo, mas de uno al verme agarraron machete en tono amenazante pero si flaqueaba en ese momento sabia que estaba perdido…- bueno señores por favor que tengo mucho camino por recorrer -

    …mire jefe, lo podemos solucionar en este momento, dígame… le damos un sencillo y nos deja tranquilos… nosotros no somos los únicos, además siguiendo el sendero hay muchos mas con mas días talando.
    ¡Bueno cuanto es el sencillo y hablemos rápido para poder seguir mi camino señores…!

    Nuevamente charlaron entre ellos… todos aportaban al líder y contaban y recontaban y seguían hablando, - la verdad no pensé que ese negocio era tan rentable, - al final el líder se acerco a mi…

    “Acá esta jefe esta difícil el negocio pero es algo, espero que nos deje y siga subiendo… ¡mas pa arriba hay mas fuerte que nosotros!, -se refirió que hay mas taladores con mas tiempo y mas movimiento-”
    Bueno señores, haciendo un ademán con mi cuaderno que me había proporcionado, borre algunos nombre que algunos me habían dado y aceptando el dinero sin contarlo… di media vuelta y me retire, Juan Carlos, me seguía como cuidándome la espalda. Así nos alejamos poco a poco.
    San Ignacio

  • Hoy fui a su encuentro

    88|

    Hoy fui a su encuentro, después de muchos días sin saber de ella, la ilusión era grande mucho la extrañaba, al acercarme poco a poco le veía hermosa, muy bella radiante como sabe estar. Mientras me acercaba me imaginaba abrazándola dándole muchos besos…diciéndole lo mucho que me hacia falta… ¡vaya si estaba bella!, no dejaba de mirarla mientras me acercaba; ella paseando de un lado a otro, esperando mi llegada; al cruzar la calle simplemente ocurrió… un sentimiento opacado percibí, como una barrera entre los dos, estaba tan cerca de mi cuerpo pero tan lejos de mi corazón; eso se siente y el sentimiento y espíritu lo dicen, eso lo percibí de ella, fue un simple hola, como estas? todo en tono muy seco y frívola no hubo ni besos ni abrazos solo una mirada fría, era el inicio de un día sin alegría ni sentimientos amorosos, hoy día la vi ... Pero fui feliz, hoy día simplemente la vi y eso me basto, algo suficiente para que mi corazón saltara de alegría con solo verla

    :wave:

  • ¿Por qué la gente se grita?

    >:(Alguna ves te has preguntado porque gritamos o porque grita la gente?

    Lo único que sabemos es al final dar un gran grito pero en el interior acaso sabemos lo que realmente nos pasa o porque esa reacción?

    Navegando encontré un articulo interesante y lo comparto con ustedes,

    Un día un sabio preguntó a sus discípulos lo siguiente:
    - ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?

    Los hombres pensaron unos momentos:
    - Porque perdemos la calma - dijo uno - por eso gritamos

    - Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? -

    preguntó una vez más ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?
    Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al maestro.

    Finalmente él explicó: - Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

    Luego preguntó: - ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

    Continuó: - Cuando se enamoran más aún, qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

    Luego el sabio concluyó: Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.

    Proverbios 15:1 'La respuesta suave quita la ira; mas la palabra áspera hace subir el furor.'

    Interesante escrito, la verdad ahora antes de gritar lo pensare dos veces aunque debo confesar es la reacción que uno tiene primero al no estar conforme con algo pero porque gritar? Lo primero será calmarnos eso costara pero intentarlo es necesario, lo segundo pensar dos veces antes de decir algo es cosa de segundos pero la mentes es rápida pero también frágil, recuerden una palabra dicha jamás retorna y lo tercero jamar responder una palabra airada con otra palabra airada es la segunda la que propicia la discusión,

    saludos Alfonso:wave:

  • Un dia Mas

    :'(

    Un dia mas que se va...
    una cana más asoma en la sien,
    más el espiritu sigue siendo joven.

    Un problema exalta nuestros sentidos,
    pero la tranquilidad vuelve con la voz amiga.

    Tenemos una nueva oportunidad,
    para hablar de todo....o tan solo vernos.
    Una cosa es segura., la alegria estará presente con
    Los amigos de siempre

    Alf.
    :wave:

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